Los niños nacen porque son tan pequeños es una fuente inagotable de observaciones precisas e incisivas acerca de la gente que pasa por la calle, y de la misma calle, en lo que esta tiene de vivo y palpitante. Desde una esquina de esta calle, el autor sonríe enternecido ante el espectáculo cotidiano de este pequeño mundo que se agita en las vías ciudadanas: el amanecer, cuando hasta los cafés tienen aún cerradas las puertas, los oficinistas y dependientes que se dirigen apresuradamente al trabajo, el ladrón sorprendido in fraganti, el paso de la Guardia Real, la tarde, la noche...