Roberto Von Sprecher es un afable hombre que ha dado sobradas mues­tras de ser uno de los teóricos que más sabe sobre historieta. Hoy cruza otra vez la frontera –como antes, en la mítica revista Filo de los años '80—, se mete de lleno en la práctica y, como si fuera nuestro Truffaut, demuestra que en el terreno sabe tanto o más sobre el asunto. Compar­te momentos, nos fragmenta entre las astillas en que la vida se vuelve cuando es recuerdo y nos clava cuando es dolor.

Nacha sabe y en cada trazo de su tinta ágil lo demuestra: potencia plás­tica y potencia narrativa, otra combinación rara. Lo que quizá no nota (y está muy bueno que así sea) es que esas tintas tienen adn argentino. So­brevuelan, como quien apadrina las viñetas, Alonso, Macció, Noé, Cas­tagnino, Scafati.

Por eso decíamos lo de la pertenencia y la pertinencia, porque ambos saben lo que están contando y saben cómo hay que contarlo. Las buenas historietas son como esas conversaciones felices que se alargan en la noche y terminan siendo mejores que cualquier idea individual: en homenaje a ese espíritu es que hicimos este prólogo a duo.

Las buenas historietas, como las buenas conversaciones, son raras, y por eso nos alegran y reconfortan cuando ocurren.

Max Aguirre y Federico Reggiani

(del prólogo del libro)