En medio de un Kremlin sucio y destrozado por los invasores extranjeros, en el mes de febrero de 1613, un desconocido príncipe, muchacho de dieciséis años, Mijail Feodorovich Romanov era proclamado zar y autócrata de todas las Rusias.Así nacía una dinastía que estaba llamada a regir los destinos de Rusia durante tres siglos.Una sucesión de dinámicos gobernantes surgiría a continuación, Alexis que elevaría la posición de Rusia al primer nivel entre los países de Europa Oriental. Pedro el Grande formaría un ejército invencible y construiría una nueva capital, San Petersburgo.Al mismo tiempo —movido por su tenacidad— sacaría al país de la Edad Media para introducirlo a marchas forzadas en los tiempos modernos.El siglo dieciocho asistiría con asombro al reinado de tres mujeres extraordinarias, las emperatrices Ana, Elisaveta y Catalina la Grande, quienes romperían la ancestral tradición del predominio del hombre en la cima del poder.Catalina introduciría las ideas de la Ilustración otorgándole a la corte rusa un esplendor sólo comparable al de Versalles.Ningún libro publicado hasta ahora había logrado captar con tanto éxito los triunfos y profundo significado de los Romanov ubicando a la dinastía en su exacta perspectiva histórica.W. Bruce Lincoln, que habla y escribe ruso, es profesor de historia de la Universidad de Illinois, investigó durante cuatro años en Rusia, desenterrando archivos originales hasta ahora desconocidos en Occidente, hasta construir un cuadro basado en los propios escritos de los Romanov o de los hombres que los conocieron.